Buenos Aires, (NA)- El primer paro nacional de la era kirchnerista se sintió ayer con fuerza en gran parte del país, fortalecido por piquetes en rutas y accesos, y fue considerado un "éxito" por las organizaciones sindicales convocantes, que amenazaron con nuevas medidas de fuerza.
Desde la madrugada se inició el cese de actividades en diversas ramas sindicales enroladas en la CGT y CTA opositoras, aunque la convocatoria se sintió fuerte en el transporte público y generó desde temprano serios problemas para la concurrencia al trabajo en tanto en la zona metropolitana como en el interior.
Por la tarde, el líder de la CGT Azopardo, Hugo Moyano, sostuvo que el nivel de acatamiento al paro nacional fue "mucho mayor" a lo que preveían y pidió a la presidenta Cristina Kirchner que "escuche el silencio de las calles".
Lo hizo rodeado de los dirigentes de las organizaciones que convocaron a la huelga, que ya anticiparon que habrá nuevas medidas de fuerza, aunque no en el corto plazo.
La primera huelga general desde que el kirchnerismo llegó al poder en 2003 se produjo a partir de un acuerdo que Moyano cerró no sólo con el bastión disidente de la CTA de Micheli, sino también con la CGT Azul y Blanca, que encabeza Luis Barrionuevo, uno de los grandes adversarios que tuvo el jefe camionero durante los últimos cuatro años, mientras que también adhirieron la Federación Agraria y las agrupaciones Corriente Clasista Combativa y Barrios de Pie, entre otras.
Así, las centrales opositoras unieron sus voces de protesta para exigir la universalización de las asignaciones familiares y el pago de la deuda que mantiene el Estado con las obras sociales sindicales; la eliminación del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias y una suma fija de 4.000 pesos como "compensación del impuesto al trabajo".



