Muchas agradables anécdotas tiene en su historia el deporte campanense. Hoy quiero contarles una que ocurrió en el desaparecido Estadio Municipal "Juan D. Perón". Embanderado en todo su frente. Justo en sus medidas reglamentarias, joven y nuevo por donde se lo mirara. Con las emotivas tardes a nivel local, zonal y nacional. Con la presencia de numeroso público y gritos de gol que se sentían desde muy lejos.
En este escenario, en una tarde de domingo, midieron supremacías nada menos que Campana Orilla y Sol Argentino. El primero más veterano y conocedor de grandes finales y con esa explosión de alegría que otorgan los títulos ganados. Desde el año 1912 los "Orilleros" con su colorida casaca roja y verde a rayas verticales, hicieron gala de su excelente juego. Juan C. Vigna fue su primer gran goleador y se sumaron a su vida, Mario "Linacho" Busso, Aldo Maestri como arquero, Marchelo, Felipe Belli, Beto Orquiguil, el "Cordobés" Rodríguez, Aníbal Modarelli, Silvio Santos, Oscar Molina, José Fernández, Pedro Fraticelli, Alberto Novoa, Juan Bellanguer, Alcides Bueri, Juan Lúquez, Angel Peila, Armando y Roberto Maceira, el "Bocha" Paolini, Oscar Heredia, Neris Acciardi, "Meco" Alvarez y su hermano, Osvaldo Schiavi, Roberto Díaz, Coletta, Ayala, Soria, Cruz, Sandro Sileoni, Martín Reyna y Tabárez, entre muchos otros.
El segundo nacido en el hogar de ese hombre que vino de Rumania, pero que amó tanto a nuestro país como a su lejana patria, Don Serafín Soimu, que además fuera un valioso dirigente desde aquella Asociación Campanense de Básquetbol, como delegado del Club Villa Dálmine.
El Sol Argentino que luego tendría sede en Ameghino y Alberti. El de Rubén Boreán, Osvaldo y Miguel Frattini, el "Zurdo" González, Norberto Lombardi, Adolfo y Carlos Negri, Carlos Simonelli, Francisco Peirano, Rubén y Angel Machiavelli, Anselmo Illaraga, Norberto Prelato, Pedro Da Pian, Gandolfo Zardo, Berto Stude, Rubén Caracini, Armando Larroca, Rubén Sosa, Gadea, Juan Márquez, Reta, Luis Sténico y muchos más.
A Campana Orilla le decían los "Loros". Ave de plumaje verde y gran habilidad para imitar la voz humana. Dueño de los cuentos más divertidos y de esta nota. La razón del apodo se debe al colorido de su divisa, que además tenía la particularidad de ser única en nuestra zona.
Campana Orilla venía a este compromiso agrandado por su mejor campaña, por ser invictos y por pelear la punta. Momentos previos al inicio del cotejo, en el preciso instante en el cual el plantel de la camiseta igualita a la de Vélez se estaba cambiando en los vestuarios, ante la sorpresa de todos, llegó un personaje extraño al mismo, sin pedir permiso. Armando Larroca exclamó con una sonrisa: "¡Un loro!" y enseguida Rubén Sosa, el comodín del equipo, preguntó: "¿Y ahora que hacemos?" y de inmediato Gandolfo Zardo que era el arquero, respondió: "Dejémoslo aquí adentro, quien dice que a lo mejor nos trae suerte".
A la hora de la verdad, el cotejo se fue desarrollando con toda normalidad, como si no hubiera pasado nada y llega el momento en el cual el "Cholo" Sosa, mediante un espléndido remate de tiro libre, logra que la redonda pida destino de red, en el ángulo del arco y vence la resistencia del guardavalla. Y entonces Sol Argentino defiende con garra y muestra su buen juego, lo cual le permite al final lograr el triunfo.
Retornaron a los camarines y el loro sin entender lo que acontecía se mostraba feliz. En el vestuario de enfrente, la amargura del perdedor, ante el adiós de su invicto en una muy meritoria campaña. Lógica tristeza y una pregunta sin respuesta..."¿Y estos que hicieron con el loro?".
Llegó la linda tardecita dominguera y todos los muchachos, ya sin ropa deportiva, a pasear por la calle Real pero con un invitado de lujo: El Loro. Como era una costumbre los de Sol Argentino se reunían en la esquina de la Farmacia Fernández y los de Campana Orilla en la de Alberico. Y al encontrarse en ese mismo lugar, los ganadores muy contentos, les dejaron esta muy original mascota, que sin pensarlo, cuando menos lo creían les había traído suerte.



