Las medias tardes eran distintas cuando tenía que jugar en Baby de "Plaza Italia". Las medias bien blancas con un doblez perfecto bajo la rodilla, las infaltables "Flechas" de lona blanca y el pantaloncito corto también blanco que hacia juego con la camiseta verde de la Escuela Nro 9. La salida a la cancha con una cortina de papelitos que los padres se preocuparon en cortar, se mezclaba con el humo de una parrilla que estaba detrás de la tribuna y hacía más emotiva la situación.
En los tablones largos y flojos veíamos de reojo a nuestros padres, sentaditos uno al lado del otro, expectantes, con la tranquilidad que da a entender que íbamos a jugar a la pelota. A mi abuelo lo veo al lado de arco, parado con sus brazos apoyados en el caño que ofrecía de baranda, atento a que no me pasase nada y pueda disfrutar del partido. Para nosotros era el debut de jugar con niños desconocidos, con otros pares que jamás habíamos vistos en nuestros juegos de la calle y la vereda del barrio.
Todo un entorno familiar enderedor de nuestro juego que podría estirarse apenas unos minutos después del partido cuando me retaron por la reacción a un "foul" de atrás que me hizo pelar las rodillas. "…- si peleas no venis mas a jugar…" fue la sentencia. Siempre recibí el aliento, el buen consejo y no recuerdo que hayan hablado mal de mis compañeros de equipo. Si Fabián atajaba bien o mal, si Oscar pateaba torcido o derecho, si Luisito se comía muchos goles o no daba pases.
Hace unos años en la tribuna de un Club en un partido infantil una madre se me acerca preocupada por el cambio que veía en su hijo. No quería ir a la escuela, no se relacionaba con otros niños en algún ocasional cumpleaños, a veces no quería comer y ni hablar de estudiar las tablas que la maestra le había dado de deber. Unos escalones más abajo, su padre miraba el partido con desgano, prefería mandar mensajes por su celular antes que intentar ver la diversión de su hijo. Algo pasaba…su padre seguía con el partido en la casa, los reproches se convertían en gritos y los gritos en violencia. Todo este entorno familiar se estiraba después del partido, por varios momentos, por varias horas, por varios días…
Estas historias reales marcan mi idea del trabajo con niños en infantiles. Cuando todo instructor, profesor o responsable prefiere a los padres bien lejos, pues yo los prefiero bien cerca. Los quiero cerca porque necesito que cumplan con su rol complementario de padres, para que acompañen el crecimiento social de su hijo. Cerca para que hablemos el mismo idioma y enviemos el mismo mensaje cada uno en su rol y función. Necesito a los padres cerca de la vida lúdica de su tesoro más preciado. No los necesito como amigos de sus hijos, ni socios ni cómplices, el titulo de padres es muy grande, enorme para achicarlo tanto, y nada ni nadie les va a quitar ese honor. Quisiera padres cerca cómplices de un juego infantil de alta emoción en cada logro, de alta enseñanza en cada consejo sano y de altísima humildad en la diferencia talentosa del aprendizaje. Padres tan cerca como para que no pierdan de vista el deseo de juego sus hijos y puedan aprender de esta realidad infantil distinta pero parecida a la que alguna vez fue -Padres cerca para que no se alejen los sueños
HASTA LA PROXIMA
NESTOR OSCAR BUERI
Coordinador de grupos Psicólogo Social
Charlas y conferencias- nestorb_ps@hotmail.com



