Sr. Director:
Agradeceré la publicación de la siguiente nota en el espacio del correo de los lectores.
Trataré de ser breve, concisa y a la vez abarcar una serie de temas que, aunque no estén directamente vinculados, tienen evidente raíz común.
Creo que somos muchos los argentinos que trabajamos por cuenta propia, no tenemos tarjeta de crédito, ni auto, ni hacemos viajes al exterior, ni vamos a ver recitales costosos, vivimos de nuestros modestos ingresos, no somos herederos de ninguna fortuna (material), tenemos la suficiente dignidad para no pedir subsidios al estado, no nos banca ningún "ex" y nos cuesta bastante comer y pagar las cuentas.
Por tal razón, en mi caso, por ejemplo, estos últimos días del año, he protagonizado situaciones que han puesto a prueba mi paciencia.
En primer lugar, los que van a domicilio (carteros, recolectores, etc) con tarjeta de navidad a pedir plata. Cuando uno les dice que gana bastante menos que ellos, desvian la mirada y se van.
En segundo lugar, un conocido hipermercado local aumentó un plan dulce con almendras, de marca propia de $ 15 (14.99) a $ 40, en dos semanas.
Ahora lo bajaron a $ 30. O sea 100% de aumento del valor original. ¿Nadie mira los precios?.
¿Nadie se queja? ¿Todos pueden pagar cualquier valor?.
En tercer lugar, en la cena de egresados de secundaria de mi hija pagamos ¡$ 600! por persona y el catering fue paupérrimo, superó ampliamente mi capacidad de asombro.
Me sentí estafada, como muchos que no se atreven a reconocerlo. Me queda la lección aprendida, que prefiero comer manjares en un club de barrio, a comer "caca" en hotel 5 estrellas.
Así estamos en Argentina, todos aprovechan el fin de año, aumentan precios, salen a pedir, cobran fortunas por servicios que no valen, ¿será por falta de buenos ejemplos?.
Mónica A. Rímoli
DNI 13.994.007



