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A MI QUERIDA ESPOSA IRMA
En mis años juveniles
una estrella apareció
que a mi mente iluminó
brillaba mas que ninguna
por sencillez y alegria
y por su hermosura.
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No habíamos conocido
en tareas que requerian vocación
y compromiso en la acción.
El tiempo así transcurría
y esa estrella refulgente
que iluminaba mi mente
su brillo era creciente.
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Muchos momentos hablamos
de inquietudes juveniles
deseándolo que el tiempo
dejara de transcurrir.
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Pasado el tiempo,
esa amistad que surgió
nos decidió a los dos
iniciar un nuevo camino
de mutua preparación.
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Pasaron justo tres años
y unidos en oración
rogamos al Dios Eterno
nos diera su bendición.
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Fueron pasando los días
con la ilusión por la vida
donde el amor
mas fuertemente crecía.
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Así llegaron los hijos
que fue fuente de alegría
en el hogar de cristianos
que de jóvenes existía.
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Las tareas del hogar
unidos se compartía
así se consolidaba
la familia que nacía.
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Transcurridos varios años
los hijos fueron creciendo
y con trabajo y amor
superamos dificultades
que la vida presentró
algunas de poco valor
y otra que dejó mucho dolor
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Sesenta ños pasaron
consolidado el amor
cuando el Padre Eterno
quiso para ti un lugar mejor
separándonos a los dos.
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Humanamente sentimos
la triste separación
pero el amor sigue vivo
con la esperanza que un dia
vuelva a unirnos a los dos
y junto a Dios eternizar el amor.
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Hoy ya pasaron dos años
de la humana separación
pero el vínculo sigue vivo
en permanente oración.
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Para ti me querida Irma
escribo de corazón
el recuerdo de una vida
que vivimos con Jesucristo el Señor.
Tu esposo Tato
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