Jamás...ni en mis peores pesadillas
habría en sueños vivido este momento
si hasta duele esbozar una sonrisa
lejos de mis hijos y mis nietos.
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Es lo mejor te dicen los expertos
para cuidarnos del fatal contagio
pero a medida que va pasando el tiempo
ganan los temores el espacio.
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El agobiante silencio es compañía
de estas horas lentas, interminables
de repetidos pasos día a día
deseando conm fervoir que pronto pase.
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La noche oscurece más la casa
el reloj se detiene, las horas no pasan
el amor, en esas voces que se extrañan
y el abrazo lejano alentando esperanzas.
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El temo húmedo de llanto
el rezo sagrado se eleva en un ruego
por aquellos que queremos tanto
y salen a enfrentar el cruel flagelo.
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A medida que va pasando el tiempo
es más difícil sostener la convivencia
se acaban las palabras y surge el hecho
que socava intolerante la paciencia.
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Son tiempos de perdón y olvido
de evitar la vana discusión
de apoyarse en el ser querido
juntar las manos e hincarse frente a Dios.
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Esperamos salir fortalecidos
cuando se acabe este maldito virus
olvidándonos de resquemores
siendo mejores y estando más unidos.
Hugo Priano