Sobre los distintos significados que puede tomar la negativa en la adolescencia
Para no decir que no al ¨No¨ del joven que no se anonada Un relevamiento de las distintas modalidades de la negativa adolescente permite diferenciar entre un ¨No¨ necesario para la constitución del sujeto, un ¨No¨ irreductible, que puede llevar a poner en riesgo la propia vida, y un ¨No¨ ausente, que ofrece el encanto de una aparente docilidad pero impide que pueda concretarse la necesaria confrontación intergeneracional.
La enfermedad y su tratamiento constituyen un escenario donde se despliega la conflictiva del adolescente en la relación con el adulto -padres, médicos, psicólogos, enfermeros- y con las particularidades del tratamiento indicado -dietas, reposo, toma de medicación, estudios e intervenciones cruentas, etcétera-. Esta conflictiva puede tomar distintos modos, pero nos dedicaremos centralmente a la oposición del adolescente al adulto, que genera en éste la necesidad de encontrar una forma de ubicarse para hacer posible el tratamiento.
Donald Winnicott, pediatra y psicoanalista inglés decía es imprescindible.
Que donde haya un adolescente pujando por crecer, debe haber algún adulto que ofrezca un soporte para su empuje; que entre el deseo del adolescente por crecer y la tolerancia del adulto para posibilitarlo, se teje la confrontación generacional.
Para el adulto, esta oposición requiere:
Aceptarla sin rechazarla, respetando el valor de su existencia y no queriendo distorsionarla o cambiarla.
Tolerarla, ya que es altamente molesta. No siempre se entiende qué pasa, es provocativa.
No intentar resolverla otorgándole rápidamente un sentido o mediante un procedimiento intelectual.
Soportarla, permitiendo que se sostenga como experiencia de oposición.
El adulto -incluyendo al profesional tratante de cualquier disciplina-, en tanto oponente, puede provocar diferentes efectos en el paciente adolescente, de acuerdo con la posición que adopte. Jorge Rodríguez en ¨Para una clínica de la oposición. Notas sobre la agresión en Winnicot¨ describe esta diversidad del siguiente modo
1) Si es intrusivo, puede aplastar el incipiente empuje del adolescente;
2) El oponente puede ser muy débil, frágil, evanescente, de tal modo que el adolescente, ¨al empujar y buscar oposición, lo atraviese y encuentre aire en lugar de cuerpo¨;
3) Puede no haber oponente. Si el adolescente no encuentra contra quién oponerse, su motilidad que permanece sin ser experimentada puede amenazar su propio bienestar.
El adulto padre, para poder posicionarse en esta confrontación, necesita sentirse seguro en su rol, valorizado, sostenedor de la familia y con reconocimiento social que básicamente pasa por tener un trabajo digno.
Sostener la confrontación con el hijo adolescente implica la puesta en juego de las dos funciones, dando sostén a la vez que propugnando el corte que oriente la salida progresiva hacia la autonomía.
Lic. Patricia Katz. Lic. Sebastián Terrizzano.
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