Buenos Aires, (Especial de NA, por Mariano Spezzapria) De a poco se van acomodando las fichas en el tablero, a medida de que los principales referentes políticos perfilan sus proyectos personales y terminan de armar el rompecabezas electoral que dominará la escena este año en la Argentina.
Tal vez sin quererlo, la decisión del jefe de Gobierno Jorge Telerman de fijar la fecha de la elección porteña para el 3 de junio aceleró los tiempos para las definiciones, que irán llegando en lógico efecto dominó.
Por caso, es casi un hecho que Mauricio Macri se presentará como candidato en territorio porteño, al menos si atiende la opinión de la gran mayoría de sus seguidores. Y esta decisión no incide sólo en el escenario metropolitano, sino también -y muy especialmente- en el nacional.
El más beneficiado por la determinación de Macri -que se hará pública el próximo lunes- es sin dudas Roberto Lavagna, quien aspira a convertirse en la principal alternativa opositora a la fórmula oficialista para la Presidencia de la Nación. Aunque debe competir, para ello, con la arista Elisa Carrió.
El proyecto de Lavagna surgió inicialmente con mucho entusiasmo por parte de dirigentes radicales y peronistas, principalmente nucleados en la provincia de Buenos Aires. Luego ese envión fue perdiendo velocidad, pero el ex ministro anunció su candidatura presidencial y retomó la senda original.
Ahora, con Macri inclinado a competir en la Capital Federal, la gran incógnita que se abre por estos días es conocer si finalmente Lavagna y el líder de centroderecha podrán alcanzar algún tipo de acuerdo para aglutinar el voto opositor al oficialismo kirchnerista.
El principal impulsor de ese acuerdo es el presidente de la UCR, Gerardo Morales, pese a que la figura de Macri provoca "ruido" en las filas del centenario partido. El dirigente jujeño está convencido, no obstante, de que hay margen para lograr un entendimiento que fortalezca a la oposición.
Para ello, Macri debería dar una señal sobre la candidatura presidencial del PRO -suenan para esa postulación Jorge Sobisch y Ricardo López Murphy- en el sentido de encontrar una fórmula para no restar votos a Lavagna.
Y el ex ministro y el radicalismo tendrían que dar una señal similar en favor de Macri en la Capital Federal. Aquí el presidente de Boca Juniors jugará todas sus fichas a hacer una muy buena primera vuelta que torne irreversible la contienda en un eventual ballotage.
Necesita, para que eso finalmente se concrete, restar votos a Telerman y al ministro Daniel Filmus, el candidato del Gobierno nacional. Pero en los últimos días le acercaron un dato que terminó de inclinar la balanza: su imagen negativa en la Ciudad está 10 puntos debajo que en 2005.
Ese año, hay que recordarlo ahora, Macri ganó cómodamente las elecciones para diputado nacional en la Capital, relegando a Elisa Carrió y al entonces canciller Rafael Bielsa. Ya entonces había logrado despegar su imagen de la de un empresario que pretende hacer negocios desde el Estado.
En este rompecabezas electoral, en tanto, restan un par de definiciones muy trascendentes: quién será el candidato oficialista a la Presidencia -¿pinguino o pinguina?- y saber si Juan Carlos Blumberg ingresará de lleno a la arena política como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires.
La primera incógnita es más sencilla de develar, porque todo está dado para que Kirchner designe a su mujer Cristina como candidata, salvo que el crecimiento de algún candidato opositor lo obligue a ser él mismo el postulante oficialista.
Y eso dependerá, fundamentalmente, de la performance que pueda tener Lavagna. El ex ministro necesitará superar la barrera del 25 por ciento de los votos para ser realmente un rival de riesgo para el kirchnerismo. El final está abierto, pero las fichas se van acomodando de a poco en el tablero electoral.



